Con la gabardina a medio poner, sin aretes, los guantes en el bolso y el peso de la maleta nueva que llevo en la espalda: llena de amor, de risas a carcajadas, de fotos en cada punta de otoño... esa maleta no puedo dejarla, necesito llevarla en éste viaje y llegar a mi destino, quizá si después regreso por ella se han volado algunos olores y se han borrado algunas fotos, pues todo lo empaqué de afán y sin saber que era ese día que necesitaba llevármela, jamás imaginé que debía llevarme esa maleta con esas palabras, con esas desiciones y con esas risas.
El bus pasa todos los días al minuto 17, salí al minuto 15, por entre un espacio de la puerta con afán y sin poder pensar y sentir los olores que llevaba allí conmigo, corrí hasta la estación más cerca, tomé el bus que me lleva al Hautpbahnhof (estación central), entonces con la respiración agitada el pelo en la cara y los guantes y la gabardina aún desordenados, escogí como siempre la ventana, esta vez en el tren que me voy a Múnich, quedé sin aliento alguno, con la mirada fija, pero viajando hacia mis recuerdos.
¿Cómo haces para que todo vibre tan fuerte? me preguntaba, mientras viajaba en el laberinto de mis recuerdos y me fui allá donde nos conocimos, allí donde unimos nuestras almas sin saberlo, donde en un juego de ojos cerrados, sólo con el tacto necesitabamos reposarnos en el otro y sin planearlo tú y yo nos estabamos buscando... Sin saberlo seguimos tejiendo esa hermosa amistad y que hoy se ha convertido en algo que no tiene nombre y que tampoco lo necesita. Seguí viajando y me tropecé con las muchas veces en que nos sentimos uno solo, donde nos sentimos tan completos, cuando siempre tuvimos una excusa para un brownie con cafecito, donde sin decirlo para el mundo eramos lo que no eramos pero lo que queriamos ser, me encontré después con las caricias a tu pelo, a las miradas que hacías para buscarme entre los demás cuando llegabas antes o después que yo a algún lugar, abrí una puerta en la que reposaban las millones de letras que nos escribimos, tomé el camino hacia la derecha, ahí me encontré contigo y cuando lo hacemos sin ser conscientes estamos en la casita que construimos para los dós, esa que queda allá en las nubes de madera, donde están tus manzanas verdes que saben a fresa, nos regalabamos amor con los ojos, con las manos y nos escondíamos entre las nubes.
Ihre Fahrausweis bitte (pasaje porfavor), - escuché de repente una voz seca y grosera, era el tipo que controla los pasajes del tren, lo entregué, desperté y llegué de ese viaje que siempre hago cuando te traigo a mi mente, nunca me acomodé el pelo ni la gabardina. En 10 minutos que llegue a mi casa, al desempacar la maleta, sacaré todo eso que tu haz decidido guardar y que yo no tuve opción. Basta. Ahí estará en el cajón del armario y sé que en el tuyo también, pero ese amor es tan grande que no cabe ahí y se colará por entre algunas letras, en algunas risas y tenemos mucho más por escribir, nos volvimos a encontrar hace poco.
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